Autora: Stefanía Rodríguez Campo.
En su hipotético deseo de ser libro, mi libro se fermentó. Sufrió un proceso bioquímico de transformación por la acción de una enzima-pérdida. Bioquímico porque estoy hecha de microorganismos y de las ideas de otras personas, que, si se quiere, también tienen una composición química. Las ideas son materia y la química es la ciencia de esa materia a escala atómica y molecular. Así hay que mirar esos microorganismos inoculados en la entraña y pensar en la fermentación como una tecnología telepática que conecta lugares, historias, materiales y formas de vida que provienen de cualquier lado, espacio o tiempo. La práctica de la fermentación, como la escritura, es un proceso artístico, aunque el territorio de los microorganismos no entiende realmente de entrañas y transita los límites de lo humano.